INDULGENCIA PLENARIA

Coordinador ad interim
y los miembros del Comité Ejecutivo de las Obras Misionales Pontificias

Queridos Delegados de Misiones:

Nos complace comunicarles que, con motivo del centenario de la Jornada Mundial de las Misiones, la Penitenciaría Apostólica ha dispuesto la concesión de la Indulgencia Plenaria, aplicable también en sufragio de las almas de los fieles difuntos, a todos los fieles que, con ocasión de dicha celebración, reciban la Sagrada Comunión y ofrezcan oraciones por la difusión del Evangelio en todo el mundo.
Para obtener la indulgencia plenaria, además de realizar la obra prescrita, es necesario cumplir las siguientes condiciones:

  • Confesión sacramental, con arrepentimiento sincero de los propios pecados.
  • Comunión eucarística.
  • Oración por las intenciones del Santo Padre, por ejemplo, rezando un Padre Nuestro y un Ave María.
  • Desapego interior de todo pecado, incluso venial, acompañado de una sincera disposición a la conversión.
    La confesión sacramental puede celebrarse unos días antes o después de la obra prescrita; sin embargo, es oportuno recibir la Comunión y rezar por las intenciones del Santo Padre el mismo día en que se realiza la obra de la indulgencia.
    Les pedimos amablemente que difundan esta noticia en sus comunidades y entre todos los fieles, para que puedan conocer y acoger este don espiritual y unirse en la oración por la misión evangelizadora de la Iglesia en todo el mundo.

En Cristo,

P. Tadeusz Jan Nowak, O.M.I.
Coordinador ad interim
y los miembros del Comité Ejecutivo de las Obras Misionales Pontificias

DIFUNTOS

Sé que mi Redentor vive y yo mismo lo veré

«Yo no veo el más allá. Pero la esperanza es el don de Dios que nos atrae hacia la vida, hacia la alegría eterna. La esperanza es un ancla que tenemos del otro lado: nosotros, aferrándonos a la cuerda, nos sujetamos. “Sé que mi Redentor está vivo y lo veré”: repetir esto en los momentos de alegría y en los malos momentos, en los momentos “de muerte”, por decirlo así. (…)El Señor nos recibe allí, donde está el ancla. La vida en la esperanza es vivir así: aferrándose, con la cuerda en la mano, fuerte, sabiendo que el ancla está ahí. Y esta ancla no decepciona: no defrauda».

Papa Francisco 2 de noviembre de 2020